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LA COMUNICACIÓN FAMILIAR

LA COMUNICACIÓN FAMILIAR

Si el diálogo es importante en la relación entre las personas, lo es más en el contexto familiar. A través de la comunicación establecemos contacto con las personas, transmitimos nuestros pensamientos, sentimientos, ideas y experiencias que nos ayudan a vincularnos con afecto. En este sentido, todos, por muy distintos que seamos, queremos ser escuchados, comprendidos y tenidos en cuenta. Sin comunicación la vida no es nada, no somos nada.

En este sentido, los padres que se comunican adecuadamente con sus hijos les ofrecen autoconfianza y aprendizaje a mediano y largo plazo al igual que favorecen que realicen relaciones interpersonales sanas. Una buena comunicación es la clave para mantener buenas relaciones en el interior de la familia y para la formación de los hijos.

Por ello la comunicación que los padres desarrollan en la interacción con su hijo desde la infancia es de gran importancia. Los niños desde sus primeros días de vida buscan comunicarse y lo hacen a través de los medios que poseen, es decir, fundamentalmente, llorando. En ella se ponen las bases de una experiencia que durará toda la vida, y que desarrollará en los hijos, los sentimientos de seguridad, confianza, amor propio que les permitan enfrentarse a la vida.

Cuando se tiene buena relación con los hijos, están más abiertos a recibir enseñanzas, a compartir con los padres  sus problemas, aprenden a expresar sus sentimientos, actitudes, deseos y aprenden a establecer relaciones satisfactorias con otras personas. Tener una buena comunicación y una relación de confianza en los hijos, permite estar más atentos a sus necesidades y ayuda en la labor educativa.

Hay que recordar que la comunicación no es solamente “hablar”, sino que también nos comunicamos con nuestros gestos, silencios, tonos, postura, etc. Todos estos elementos entran en juego cuando interactuamos con otras personas y determinan el que la comunicación sea buena o no.

Tipos de Padres según el Uso de la Comunicación

En función de las palabras que dirigimos a los niños podemos comunicar una actitud de escucha o, por el contrario, de ignorancia y desatención. Según analiza el psicólogo K. Steede en su libro Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos, existe una tipología de padres basada en las respuestas que ofrecen a sus hijos y que derivan en las llamadas conversaciones cerradas, aquellas en las que no hay lugar para la expresión de sentimientos o, de haberla, éstos se niegan o infravaloran:

 ? Los padres autoritarios: temen perder el control de la situación y utilizan órdenes, gritos o amenazas para obligar al niño a hacer algo. Tienen muy poco en cuenta las necesidades del niño.

 ? Los padres que hacen sentir culpa: interesados (consciente o inconscientemente) en que su hijo sepa que ellos son más listos y con más experiencia, estos padres utilizan el lenguaje en negativo, infravalorando las acciones o las actitudes de sus hijos. Comentarios del tipo "no corras, que te caerás", "ves, ya te lo decía yo, que esa torre del mecano era demasiado alta y se caería" o, "eres un desordenado incorregible". Son frases aparentemente neutras que todos los padres usamos alguna vez.

 ? Los padres que quitan importancia a las cosas: es fácil caer en el hábito de restar importancia a los problemas de nuestros hijos sobre todo si realmente pensamos que sus problemas son poca cosa en comparación a los nuestros. Comentarios del tipo "¡bah, no te preocupes, seguro que mañana volvéis a ser amigas!", "no será para tanto, seguro que apruebas, llevas preparándote toda la semana", pretenden tranquilizar inmediatamente a un niño o a un joven en medio de un conflicto. Pero el resultado es un rechazo casi inmediato hacia el adulto que se percibe como poco o nada receptivo a escuchar.

? Los padres que dan conferencias: la palabra más usada por los padres en situaciones de "conferencia o de sermón" es: deberías. Son las típicas respuestas que pretenden enseñar al hijo en base a nuestra propia experiencia, desdeñando su caminar diario y sus caídas.

Por último, hay que mencionar la cantidad de situaciones en las que la comunicación es sinónimo de silencio (aunque parezca paradójico). En la vida de un hijo, como en la de cualquier persona, hay ocasiones en que la relación más adecuada pasa por la compañía, por el apoyo silencioso. Ante un sermón del padre es preferible, a veces, una palmada en la espalda cargada de complicidad y de afecto, una actitud que demuestre disponibilidad y a la vez respeto por el dolor o sentimiento negativo que siente el otro.

Algunos consejos para mejorar la comunicación entre padres e hijos:

- Al dar una información, busque siempre que sea de una forma positiva.
- Obedezca la regla de que "todo lo que se dice, se cumple".
- Busque la empatía  o ponerse en el lugar del otro.
- De mensajes consistentes y no contradictorios.
- Escuche con atención e interés.
- Cree un clima emocional que facilite la comunicación.
- Pida  la opinión a los demás miembros de la familia.
- Exprese y  comparta sentimientos.
- Sea claro a la hora de pedir algo

http://www.deguate.com/artman/publish/mujer_familia
Los diez errores más comunes de los padres y cómo evitarlos. K. Steede. Editorial EDAF. 2003.

 


Fecha de publicación: 28/08/2017

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